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No chantajes ni castigos. Enseña con motivación y límites claros.

Cuando hablamos de motivación regularmente pensamos en premios o «refuerzos». Pueden ser premios materiales: como regalos, juguetes, golosinas,… o bien, inmateriales : como atención, tiempo de ocio, actividades en familia, besos, palabras amables, etc.

Esto es algo muy común, sin embargo, cuando basamos la educación en premios y castigos se está vinculando fuertemente la actividad a condiciones externas, es decir, en lugar de darle un valor a la satisfacción personal lo rebajamos a una simple actividad con el fin de conseguir algo que le interesa. Se orienta la acción del niño a la consecución de un objetivo (premio) o a la evitación de un resultado indeseable (castigo).

¿Qué podemos hacer para orientar nuestra guía por un mejor camino?

Apoya, anima y enseña cómo realizar las cosas. No prometas un premio antes de que lo logre, mejor en cuanto lo consiga ahora si le puedes premiar por su esfuerzo y dedicación.

No le chantajees, no le enseñes a moverse por interés, enséñale a tomar decisiones y a saber distinguir qué es lo que debe hacer por sí mismo, a autorregularse y a decidir lo que conviene, o lo que es correcto. El mejor regalo que le puedes hacer a tu hijo es enseñarle a ser el dueño y responsable de sus actos.

Establecer límites claros

Al establecer límites pareciera que estamos cuartando la libertad del niño, sin embargo no siempre tiene que ser así. Vivimos en una comunidad que tiene normas y límites que tenemos que respetar aunque no siempre tenemos que estar de acuerdo. Cuando acudimos a una biblioteca guardamos silencio, o cuando vamos al supermercado hacemos fila para pagar nuestros artículos y esperamos nuestro turno.

Lo primordial es saber cuando marcar límites en nuestros hijos y para esto Belén Piñeiro nos dice:

[Todos sabemos establecer límites. Es frecuente que los padres nos consulten a los educadores cómo marcar estas líneas en los niños. Pero te diré un secreto, sólo necesitas una única cosa: tener claro el límite. Cuando el límite es realmente importante, no hay lugar a dudas. Nunca he visto a un padre decir «tuve que dejar a mi hijo tirarse por la ventana, porque se empeñó en hacerlo y no pude decirle que no». ¿Por qué? Porque no tenía absolutamente ninguna duda sobre esa acción].

¿Por qué no castigar a los niños?

Aquí tienes algunas razones para no hacerlo:

  • No erradica las «malas» conductas en los niños.
  • Daña la relación entre padre/ madre e hijo.
  • Crea sensación de frustración en el niño.
  • Genera ansiedad e impotencia en el niño.
  • Baja su autoestima.
  • Puede generar más malas conductas en el niño («como soy malo…»).

Alternativas al castigo

Aquí te dejo algunas alternativas al castigo que te apoyarán a encaminar su comportamiento de forma positiva:

  • Pautar unas consecuencias razonables, relacionadas con el suceso en cuestión. Es necesario que la consecuencia tenga sentido con lo que se busca enseñar, es decir, si lo que quiero es que realice su tarea y no lo hizo, la consecuencia debería ser reducir tiempo en sus actividades de ocio ya que no invirtió el tiempo correctamente en cumplir con sus obligaciones.
  • Facilítale las cosas. Apóyalo en sus actividades, que te sienta como aliado, no como enemigo. Que vea y sienta que tu también le quieres que termine sus deberes para distraerse juntos.
  • Enséñale a asumir las consecuencias de sus actos. Lo más natural es si rompe algo lo repara, si ensucia algo, lo limpia.

Información obtenida del libro «Neuro educación. Gestiona sus emociones. Mejora su aprendizaje» de Belén Piñeiro

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